La reputación del Hospital de Toledo

A punto de recomenzar las obras, el nuevo Hospital de Toledo se alza como una muestra más de la bonanza económica creada mediante la burbuja inmobiliaria. Dinero público invertido de forma masiva en una infraestructura que, no por necesaria, debería obviar los parámetros de lógica y racionalidad. No es de recibo que una obra adjudicada en apenas 300 millones de euros supera dicha cantidad cuando fue paralizada. En ese momento, justo con el cambio de gobierno en la comunidad de Castilla-La Mancha, el gobierno de María Dolores de Cospedal decidió intervenir y revisar los planes. En ese momento, con solo el 34% de la construcción ejecutada (se inició la obra en 2007) ya se habían gastado 362 millones de euros.

El nuevo Hospital de Toledo pretendía solventar las carencias de la antigua infraestructura (el hospital Virgen de la Salud), a la que iba a sustituir, y convertirse en un centro de referencia. Para ello, se configuró como un hospital universitario capaz de prestar sus servicios a toda la región. Y para ello, se planificaron varios edificios sobre una parcela de 341.000 metros cuadrados y algún que otro lujo. Basta mencionar algunas cifras, como inodoros de 600 euros, platos de ducha de más de 300 euros y urinarios por encima de los 400 euros.

Caros o no, lo cierto es que, al fin y al cabo, dichos elementos iban a tener cierta utilidad. Más cuestionables son los lujos innecesarios. Por ejemplo, zócalos de azulejo portugués cuyo precio ronda los 83 euros el metro cuadrado. Azulejos con los que se iban a recubrir más de 2.500 metros cuadrados. Y los que no iban a adornarse con este tipo de azulejo, se ornamentaban con mármol específicamente diseñado para el hospital. Resultado: 43 euros cada pieza. Por comparar, se pueden ver las cifras del aeropuerto de Ciudad Real y sacar uno mismo las conclusiones oportunas.

También se planificó un lucernario de 750.000 euros cuya limpieza se estima en cinco mil euros. Aunque más cara es la limpieza de la fachada principal: veinte mil euros cada vez que se adecentara el muro de cristal de siete mil metros cuadrados. A todo ello, se suman acabados duplicados, 200 locales de consulta cada uno con seis despachos para los médicos, 2.500 kilómetros de cable eléctrico y un consumo eléctrico estimado en trece millones de euros al año consecuencia de la necesidad de climatizar los enormes espacios del edificio.

A este respecto, basta indicar que dentro del complejo se diseñó una plaza cuyas dimensiones la convertían en la más grande de la ciudad de Toledo o que el laboratorio iba a ocupar siete plantas y dos mil metros cuadrados. Eso sí, redondos, con la dificultad añadida de adecuar el mobiliario y toda la maquinaria precisa en este tipo de instalaciones y que se caracteriza por ser rectangular.

Una reputación online envidiable en el sector de la salud, puesto que desde su apertura todo son buenas criticas en la red respecto a su funcionamiento y servicios.

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